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David Gonzáles, economista y especialista del Centro Peruano de Estudios Sociales (CEPES), conoce de cerca los mecanismos y oportunidades que el sector ofrece a los pequeños productores peruanos. Para él la clave del éxito es su capacidad de asociatividad y el reconocimiento de los diferentes niveles de comercialización y financiamiento que el mercado ofrece.

Para los pequeños productores, ¿Es un momento auspicioso para acceder a financiamientos?
En el Perú es muy bajo el porcentaje de productores que accede a créditos agrícolas. Los que acceden son los que están más ligados al mercado. Pero debemos reconocer dos tipos de mercados. Por un lado, el mercado tradicional, que está basado en los productos tradicionales de cada región, costa, selva y sierra. Son los productores que usualmente utilizan intermediarios, muchas veces éstos son los acopiadores. Aquí el mayor problema es que estos tipos de créditos agrícolas se pagan al final de la cosecha y el precio generalmente es variable. El otro problema es que los intermediarios son por general parte interesada, entonces las condiciones de estos créditos no son necesariamente las mejores. Sin embargo los intermediarios son un mal necesario. El otro mercado está basado en los productos orgánicos y naturales, vinculado sobre todo a las certificaciones internacionales, como comercio justo, entre otras. Este mercado presenta una serie de ventajas que permite al productor tener una mejor capacidad de negociación a la hora de solicitar un financiamiento.

¿Y qué deben hacer los productores para acceder a este nivel más auspicioso del mercado?
Cada certificadora tiene sus propias reglas y requisitos que los productores deben acatar para obtener sus sellos. Pero la clave para ingresar a este mercado es tener, sobre todo, un nivel de asociatividad muy fuerte. Y esto, al mismo tiempo, otorga a los productores una fortaleza estructural en al interior de sus organizaciones que llegan a transformar su mentalidad con criterios empresariales; una fortaleza que se extiende también, a las asociaciones que estas organizaciones forman al juntarse entre sí y que las hace más sólidas y más rentables ante las certificadoras de riesgo. De esta manera, al estar agrupados las condiciones frente a las entidades de crédito cambian, no sólo a nivel nacional sino, sobre todo, a nivel internacional. Ya no se trata simplemente de un productor, se trata de un colectivo, con niveles asociativos que permiten una representación sólida y con estándares de calidad uniforme. Su productividad se homogeniza y esto les otorga una mayor capacidad de negociación con las entidades financieras. Este segundo nivel de asociatividad permite a las organizaciones acceder a mejores tipos de financiamiento internacional, como por ejemplo la banca solidaria.

Las organizaciones de cacao y de café tienen un nivel de institucionalidad muy fuerte. Las organizaciones dedicadas a estos productos han evolucionado sostenidamente. No sólo están en capacidad de conseguir créditos para sus socios sino que van más allá, pues están en capacidad de conseguir cartas fianzas para sus organizaciones. Muchas de las cooperativas productoras integran, al mismo tiempo, gremios de asociaciones o instituciones, como APPCACAO o la Junta Nacional del Café. Es muy interesante lo que María Isabel Remy, ha publicado sobre esta evolución

¿Qué consejos brindaría usted a los productores?
Lo fundamental es estar agrupados. Conocer cuales son las instituciones que se han agrupado y que constituyen un buen posicionamiento en el mercado. Tienen que conocer todo el proceso y saber en qué parte del mismo ubicarse. También deben reconocer las mejores opciones de financiamiento que su situación le ofrece, con intereses bajos y donde tengan mayores probabilidades de acceder a sus créditos.

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