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[Artículo de opinión] ¿Es la industria del café culpable de explotación?

Durante estas pasadas semanas, los caficultores tocaron la campana de alarma ya que el precio de los granos de café cayó a un nivel dramático. Esto amenaza la frágil existencia de 25 millones de familias campesinas en todo el mundo. Ya no podemos hacer la vista gorda ante lo que está sucediendo.

Hace dos semanas, Brasil y Colombia, que juntos producen la mitad del café del mundo, publicaron una declaración conjunta afirmando el hecho de que los agricultores se ven obligados a vender su café a un precio muy por debajo de su costo.

Las cifras recientes confirman la desastrosa situación del sector cafetero. A finales de 2016, el precio del café Arábica en la Bolsa de Nueva York era de 1,55 dólares la libra (454 gramos). Desde entonces, el precio ha caído aún más hasta un punto dramático estas semanas de menos de un dólar por libra. Debido a la caída extrema del 30% en el precio, los agricultores podrían estar enfrentando una pérdida anual de más de 11.000 millones de dólares de ingresos. Ningún programa de desarrollo puede asumir este coste.

Estos días, 'sostenibilidad' está en boca de todos y a menudo pensamos que estamos haciendo un buen trabajo. Los países productores de café afirman que muchas grandes empresas multinacionales sí promueven y actúan sobre la sostenibilidad, pero que estas actividades quedan deslucidas por sus prácticas comerciales. El reporte recientemente publicado 'Barómetro del Café' llega a la misma conclusión. Del valor total del café (alrededor de 200 mil millones de dólares en 2015), sólo un 10% permanece en los países de origen. En total, las grandes empresas gastan aproximadamente 350 millones de dólares al año en sostenibilidad. Si lo comparamos con la pérdida de ingresos de 11.000 millones de dólares, se trata de una gota en el mar.

Al pagar precios demasiado bajos, la industria del café es responsable, al menos en parte, de cuestiones relacionadas con los derechos humanos como la pobreza, el trabajo infantil, las malas condiciones de trabajo y los daños al medio ambiente. En las discusiones sobre sostenibilidad, hablar de un "precio decente" es tabú. La industria se niega en gran medida a comprometerse con precios decentes para los agricultores. En los Países Bajos (Holanda), Fairtrade es la única marca de certificación que exige un precio mínimo a los compradores de café (1,60 dólares por libra) y en la actualidad tiene una cuota de mercado de alrededor del 5%. Esto significa que 9 de cada 10 paquetes de café en el supermercado holandés, no ofrece ninguna seguridad de un precio mínimo a los caficultores. Dependen entonces de los caprichos del mercado.

Es hora de que las marcas de café, los supermercados y la industria asuman la responsabilidad estructural ajustando su política de compras. Y nosotros, los consumidores y consumidoras, ¿queremos participar en la explotación de los caficultores comprando productos sin garantías justas?

Peter d'Angremond

Director de la Fundación Max Havelaar

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