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Los principales gestores que dan inicio a la gran cadena productiva del café son pequeños caficultores de predios de unas cinco hectáreas cultivadas con mano de obra familiar. Su gran esfuerzo ha llevado a nuestro país a obtener el primer lugar mundial en la producción de café orgánico, sin fertilizantes ni plaguicidas químicos.
Pero no todo lo que brilla es oro en el sector cafetalero.
El boom atrae a más familias y complica el ya difícil acceso de niños y jóvenes a la educación en las zonas cafeteras, por falta de medios de transporte y carreteras o simplemente porque no hay escuelas ni materiales didácticos.
Los niños caminan por lo general una hora desde su casa hasta su escuelita. Basta una visita a las zonas productoras para encontrar en el trayecto a niños y jóvenes caminando de prisa para llegar a sus escuelas o regresar a sus casas.
A veces las caminatas duran más de una hora, en trochas abiertas en la espesura de la selva, donde los menores exponen a peligros tan diversos como la mordedura de serpientes, el abuso sexual o simplemente, un traspié a orillas de un río.
Los niños viven en la chacra y cuando están pequeños asisten a escuelas que se encuentran a veces a más de un kilómetro, pero cuando llega la edad de la adolescencia los llevan al pueblo y ahí surgen nuevos problemas porque están propensos a la adicción de drogas y al pandillaje.
En la actualidad hay muy pocas escuelas rurales con infraestructura adecuada. Los libros y útiles son escasos, pues el presupuesto del Estado es limitado.
Los niños de estas zonas están olvidados, no cuentan ni con tizas, ni materiales educativos, se desconoce esas realidades y sólo se dá prioridad a la ciudad. Hasta el trámite de recojo de los libros que el estado envía es muy costoso según cuentan los profesores de las zonas. Este es otro motivo para la mala educación en zonas cafetaleras.
Por si fuera poco, la alimentación es otro problema, ya que la canasta familiar está basada en productos de subsistencia, como plátanos, yuca, pituca y maíz. Pocos pueden acceder a una dieta balanceada, con varios tipos de carne y leche todos los días.
MANOS A LA OBRA
Como respuesta, algunos cafetaleros han emprendido desde hace unos años la tarea de promover la educación de sus hijos. En los Centros Educativos de Gestión Comunal, son los padres los que pagan los salarios de los maestros y ciertos gastos de infraestructura, a veces con apoyo de autoridades locales, mientras el Estado se ocupa de designar al personal, validar la escuela y entregar algunos materiales.
El rol de los padres es abnegado, porque se preocupan por el mobiliario y estructura de las escuelas y asumen el gasto pese a sus pocos recursos, con apoyo de la cooperación internacional.
Se espera que las demás organizaciones cafetaleras repliquen esta experiencia, pero las autoridades se tienen que comprometer, porque muchas cooperativas cafetaleras y productores están asumindo el papel que debería tener el gobierno.

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